Cuando dejar de fumar es fácil

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Por más de 3 años acompañé cerca de 10.000 personas para dejar de fumar. Eran sesiones de dos horas, en las que hablábamos sobre el hábito de fumar, ofrecíamos claves para comprender por qué los asistentes lo pasaban mal cuando querían dejarlo y no podían, y finalmente hacíamos un trabajo con hipnosis que facilitaba que al salir de aquella sesión se hubieran convertido en personas libres del tabaco.

Yo misma me sorprendía de la facilidad con la que muchísimas personas se liberaban, conseguían su objetivo y vivían muy satisfechas. Porque cuando conseguimos vivir como deseamos, estamos satisfechos, vivimos alineados con quienes somos realmente, y experimentamos sentimientos que nos producen bienestar.

Así de perfecta es la naturaleza, nos sentimos bien con aquello que nos hace bien.

El caso es que años después de haber acompañado a tantísimas personas, sigo viendo y encontrándome con personas que consideran que es difícil dejar de fumar. Y no voy a contrariar a nadie, porque la verdad es que es difícil si así lo creemos.

El trabajo a través de las creencias es apasionante y nos abre un mundo nuevo de trabajo para nuestro crecimiento y conseguir nuestra metas personales.

Hay muchísimas creencias alrededor del tabaco y el hábito de fumar: es difícil, es malo para la salud, seguro que recaes, me gusta, es un placer, es mi momento de desconexión, algún vicio tendré que tener, etc. 

Unas van a favor de los beneficios, y otras en contra de poder abandonar el hábito, con lo que generalmente nos encontramos con personas que se sienten atrapadas. Y ciertamente, este sentimiento es desagradable.

No creo que sea obligatorio dejar de fumar, si hay personas que deciden hacerlo es respetable su decisión. También sé que muchas personas que dicen que lo eligen en realidad se lo explican así porque no consiguen abandonar el hábito. Lo sé porque lo han reconocido una vez lo han conseguido.

Hace meses que he vuelto a realizar sesiones para acompañar a personas que quieren sentirse libre de este hábito, de una manera sencilla, y rápida.

Y reconozco que me encanta acompañarlas, me ayuda a sentirme también con fuerza, y empoderada.

Contáctame si quieres que te acompañe para dejar de fumar. Y juntas lo hacemos más fácil.

 

Un abrazo,

 

Sonia Gutiérrez

Psicóloga y formadora

699 380 440

hola@soniagutierrez.es

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Todo está bien en ti

todo está bien en mi

Todo, absolutamente todo está bien en ti.

Quizás aprendiste a ponerte etiquetas “negativas” sobre tu manera de comportarte, sobre cómo pensabas, hablabas, te movías, reías, te relacionabas…

Quizás hubo alguien que te dijo que no estaba bien sentir lo que sentías, pensar lo que pensabas, ser como eras.

Ese alguien seguramente se lo decía a sí mismo, a sí misma. Y no tienen culpa alguna. Lo hacían lo mejor que sabían, querían, podían.

Sin embargo, este aprendizaje te trae a este momento, a cuestionar lo que quieres hacer, a cuestionar lo que piensas, lo que sientes. Y te sientes bajo, te sientes baja de energía, porque toda tu energía se la has entregado a esas ideas de cómo hay que pensar, sentir, comportarse…

Llegar a este punto, a la vez que incómodo es revelador y un punto de inflexión. Un momento en el que queremos recoger nuestra propia fuerza interior, nuestro poder, y devolvérnoslo a nosotros, a nosotras.

Y ¿cómo hacemos esto? ¿cómo consigo devolverme el poder que una vez entregué? Validando cada una de mis emociones, pensamientos, acciones, ideas, etc. Sí, validando esas ideas que a muchos les parecen raras, carentes de sentido, estúpidas o absurdas. Estos calificativos hablan más de la persona que los emite que de la que los recibe.

Así que tomar nuestra fuerza también es jugar y experimentar qué ocurrre cuando digo SÍ, a esos deseos que siento, cuando hago lugar a mis pensamientos propios, cuando innovo en la forma de relacionarme, porque me parece que está fantástico así. O porque se me ocurrió que  sería buena idea.

En cualquier caso, la decisión de tomar el poder lo tenemos cada cuál. De nada sirve que los demás opinen o nos sugieran formas en cómo hacerlo, “los demás no conocen el contenido vibratorio de tus deseos y no conocen el contenido vibratorio de quién eres, por lo que no están capacitados para orientarte. Por más que obren de buena fe y deseen tu Bienestar, no lo conocen” (Esther y Jerry Hicks). 

Sonia Gutiérrez.

Morir es de vital importancia

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Me conmueve leer la fuerza y la importancia de creer que todo es para bien. Que tenemos las personas la capacidad de construir, de cada una de nuestras experiencias, algo bello y enriquecedor. Os comparto parte de esta lectura matutina, que ojalá os acaricie e impregne de fuerza y valor para atravesar cada momento en vuestras vidas. Y a mí también.  Gracias por estar.

“Estuve en Maidanek, Polonia, un campo de concentración….

…En Maidanek conocí a una muchacha judía que se había quedado ahí en lugar de marcharse. Yo no entendía la razón. Había perdido a sus abuelos, a sus padres y a todos sus hermanos y hermanas en las cámaras de gas del campo de concentración. Habían llenado de gente la cámara de gas y entonces ya no cabía nadie más, y por eso ella se salvó.

Horrorizada, le pregunté: ‘¿Qué demonios haces aquí? ¿Por qué te has quedado aquí, en este lugar tan inhumano?’ Y ella me respondió: ‘Durante las últimas semanas del campo de concentración me juré a mí misma que sobreviviría sólo para contarle al mundo todos los horrores de los nazis y de los campos de concentración. Entonces llegó el ejército de liberación. Miré a esa gente y me dije: ‘No. Si hiciera eso, yo no sería mejor que el propio Hitler’. Porque, ¿qué otra cosa estaría haciendo sino plantar aún más semillas de odio y negatividad en el mundo? Sin embargo, si consigo creer profundamente que nadie sufre más de lo que es capaz de soportar, que nunca estamos solos, que puedo reconocer la tragedia y la pesadilla de Maidanek y dejarla en el pasado, si puedo tocar una sola vida humana y apartarla de la negatividad, del odio, la venganza y la amargura para que sea una persona capaz de servir y amar y preocuparse por los demás, entonces habrá merecido la pena, y yo merecía sobrevivir‘.

La negatividad se nutre sólo de la negatividad y entonces, crece como un cáncer. Pero existe la posibilidad de aceptar que sucedió como una triste y espantosa realidad, que se ha acabado, que ha pasado, y que ella no puede cambiar. Ella había optado por esta alternativa.

Lo que  podía cambiar, no obstante, era lo que iba a hacer, lo que iba a aprender de todo lo que había ocurrido. Y por eso decidió quedarse en ese espantoso lugar, de horribles visiones y hedores.”

Texto extraído de Conferencias: morir es de vital importancia. De Elisabeth Kübler-Ross

 

Sonia Gutiérrez.

¿QUÉ ÉS LA CULPA? ¿PARA QUÉ SIRVE?

La culpa es ese sentimiento que sentimos cuando salimos de la norma, de aquello que se espera de nosotr@s, de aquello que estaba establecido. Decimos es tú culpa, o es mi culpa, es su culpa… aunque nadie la quiere para sí.

Es un sentimiento que golpea, que nos lleva hacia abajo, que nos quita energía. Como si de una piedra en el tejado se tratase.

La culpa señala que algo hicimos mal. Como si pudiéramos actuar bien y mal. Es hija de un modelo que divide entre buenos y malos.

¿Acaso es real actuar bien y mal? Un@ pudiera equivocarse, sin embargo, ¿no es esto una fuente de aprendizaje? ¿Por qué debiéramos contemplar el error como algo malo?

En mi experiencia me encuentro con personas que quieren mejorar su relación consigo mismas, con sus hij@s, con sus clientes, con sus usuarios… y, a veces, cuando les propongo un ejercicio para aprender algo nuevo se sienten amenazadas porque consideran que ya han hecho todo lo que estaba en sus manos.

¡Claro que ya han hecho todo lo que estaba en sus manos! No tengo duda de que alguien que quiere mejorar algún aspecto ha probado todo lo que sabía.  Sin embargo, si viene a una sesión conmigo es porque sabe que puede ir más allá, aunque no haya encontrado la manera todavía.

Sintiéndonos culpables evitamos evolucionar, aprender cosas nuevas. Mientras sentimos culpa no avanzamos, porque ponemos nuestra energía en lo que fue, lo que pasó, lo que ya no está. Ponemos un exceso de energía en buscar la responsabilidad en lugar de buscar soluciones a las situaciones.

No quiere decir esto que las acciones no tengan responsabilidades. Claro que somos responsables de lo que pensamos, sentimos y hacemos. Sin embargo es distinto sentirse responsable que sentirse culpable. Un@ puede experimentar esto que escribo cerrando los ojos y diciendo en voz alta: me siento responsable por…/ me siento culpable por…. Y después comparar cómo se siente expresándose de una y otra manera.

(Date la oportunidad de experimentarlo…también puedes optar por pensar me siento responsable por…/ me siento culpable por….en lugar de expresarlo en voz alta).

Volviendo a la funcionalidad de la culpa: la culpa sirve para no evolucionar, y esto en algunos contextos y situaciones ha podido ser útil. Parto de la premisa que todas las personas actuamos de un modo u otro (aún cuando creemos que no nos beneficia) porque tiene una utilidad para nosotras.

Sin embargo, me encuentro con muchas personas que sí quieren crecer, evolucionar, aprender a mirar el mundo de un modo distinto, a aliviar sufrimientos, a ganar confianza… y en su camino de crecimiento tropiezan, tropezamos, a menudo con este sentimiento de culpa, que no es más que un sentimiento construido en nuestra cultura y sociedad (En tibetano no tienen una palabra para culpa).

Con estas líneas busco alentarnos a identificar cuando aflora este sentimiento, para poder dejarlo a un lado, en lugar de darle el papel protagonista. Para aprender a bordearlo, a reconocerlo y dejarlo marchar, a agradecer que nos acompañara y continuar creciendo y aprendiendo a vivir de la manera más satisfactoria.

Así que, cuando te sientas amenazad@ por un comentario, una sugerencia, una idea distinta a las tuyas, pregúntate:

  • ¿Me siento amenazad@ por esto que me sugieren?
  • ¿Leo en el comentario de la otra persona una intención de señalar algo que hice mal?
  • ¿Por qué me molesta el comentario de la otra persona? ¿acaso no tiene derecho a tener una opinión diferente a la mía?

Cuanto más nos preguntamos e identificamos la culpa en nosotr@s más hábiles nos convertimos en dejarla marchar. Feliz liberación.

 

Sonia G.

¡Y qué más da lo que piensas!

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Qué más da lo piensas tú, qué más da lo que pienso yo… si no es más que lo piensas tú y lo que pienso yo.

 

Tanto nos identificamos con nuestras idea, que después renunciar a ellas es como renunciar a ser nosotr@s mism@s. Y entonces nos perdemos la grandiosidad de nuestra naturaleza. Porque nos apegábamos a aquellas ideas, ¡nuestras ideas!.

¿Y si para ir más lejos necesito desprenderme de la idea de que soy buena en esto o aquello? ¿Y si para ir más lejos me viene bien dejar atrás la idea de que soy la artífice de lo que ocurre en mi vida? ¿Y si para ir más lejos basta simplemente con rendirme a mí misma, y dejar que cualquier idea que me defina se vaya con el agua de la lluvia?

 

Hay tanta vida que quiere ser vivida, que aferrándonos a ideas sobre nosotr@s mism@s y la vida misma dejamos que pase de largo, sin siquiera apreciarla.

 

Ya me cansé de vivir de /con /para mis ideas. Ya me cansé de buscar tener la razón. Ya me cansé de “acertar”. Ahora quiero vivir esa vida que antes se me escapaba por los lados, mientras me enfocaba en cómo debía vivir. Ahora quiero probar nuevas perspectivas y perder el tiempo con nuevas sensaciones.

Ahora, sólo ahora, me rindo y me ensancho de satisfacción.

 

S.Gutiérrez

 

Imagen extraída de culturacolectiva.com. Gracias.

¿Recorres tu propio camino o el que crees que deberías seguir?

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Hay muchos caminos por recorrer. El mejor para cada un@, lo decide cada cual.

Y entre tantísimo ruido de posibilidades, de publicidad, de lo que dicen los amigos, lo que dicen los expertos, lo que dice quién nos inspira, etc., a veces dejamos relegada nuestra propia voz. Allá al fondo, perdida, apenas un susurro que no alcanzamos a descifrar.

No fuimos educad@s para escucharnos. No fuimos educad@s para atender a nuestra propia voz, lo que es único y genuino en nosotr@s. Por tanto es comprensible que vivamos en un mundo lleno de personas adultas que reproducimos patrones que aprendimos, normas de convivencia, juicios sobre esas normas, maneras de organizarnos socialmente, comercialmente, etc.

Sin embargo, esas normas, esas maneras de funcionar, aunque tuvieron su sentido en otras épocas, ahora ya no nos sirven. Al menos muchas de ellas. No nos sirven para satisfacer nuestros deseos más profundos, porque no están destinadas a ello. Están destinadas a mantener un sistema de valores, una organización social y económica que atiende a los deseos de unos pocos (o quizás ni siquiera eso).

Por tanto es necesario dar espacio a nuestras voces. Muchas personas incluso creen estar siguiendo sus voces, cuando no hacen más que perseguir un sueño impostado. Un sueño que han creído que era propio. Y no lo es.

Dando lugar a nuestra voz daremos lugar a aquello que nos hace únic@s. Estaremos aportando a la vida, a nuestra sociedad, a nuestra familia algo que les es propio también a ellos. Porque tod@s formamos parte de este entramado.

Para escuchar nuestra voz hace falta darle espacio. Darle un lugar. Y esto sólo podemos conseguirlo dejando de prestar atención a las otras voces. A lo que dicen las demás personas, a lo que dice la televisión, lo que dicen los periodistas, lo que dicen los políticos, lo que dicen nuestros vecinos, lo que dice nuestra familia, lo que dice tal o cual plataforma, incluso lo que no paramos de repetirnos mentalmente.

Escuchar la propia voz no es ir contra la sociedad. No es ir contra la familia. Ni siquiera ir contra lo establecido. Es aportar a nuestra sociedad, aportar a nuestras familias y aportar a lo establecido.

Suma y sigue. Sin olvidarte de ti. No de quién crees que eres, sino de quién eres.

Sonia Gutiérrez

Cambia de actitud como cambiarías la dirección de un espejo

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Imagina que tienes un espejo con el que reflejar la luz del sol allá dónde tú quieras. Imagina que ese espejo hace tiempo que lo estableciste en una dirección, y refleja luz tan sólo cuando el sol alcanza ese ángulo. De este modo la luz que reflejas con tu espejo tiene siempre la misma dirección. E imagina que cuando hay nubes justo en tu ángulo te quedas sin luz directa y reflejas la luz indirecta que te llega, que es menos brillante que antes. Esa posición del espejo es cómoda, no tienes que hacer nada, hace años que estableciste allí el espejo y simplemente te encargas de limpiarlo cuando está sucio, y deseas y esperas que todos los días haga bueno para que las nubes no tapen la luz directa. Y te decepcionas cuando esto ocurre. Y sin embargo ya has aprendido a manejarte con esto, de modo que esa decepción ahora ya es algo tan cotidiano que apenas le das importancia.

Imagina ahora que descubres que puedes mover este espejo en la dirección que quieras, que puedes buscar el mejor ángulo para obtener una mejor luz cada día, que puedes recorrer el territorio para encontrar los mejores rayos, y a la vez puedes reflejar la luz del sol a aquellos lugares que eliges, no siempre en la misma dirección. No es tan cómodo como antes, ahora requiere que tu atención esté totalmente en esta nueva actividad, y a la vez te estimulas y aprendes muchas cosas nuevas, y descubres que haciendo llegar la luz que refleja tu espejo puedes iluminar zonas que antes apenas recibían luz.

Imagina ahora que ese espejo es tu actitud. Que tu actitud es como un espejo que refleja luz. Y puedes cambiar la dirección siempre que quieras, puedes buscar los mejores rayos cada día, y no hace falta que te quedes con la actitud que tenías antes porque sea cómoda. Ahora sabes que puedes cambiarla si deseas obtener los mejores rayos. Tu actitud es algo que puedes mover todo el tiempo, es como la plastelina, siempre dispuesta a amoldarse, siempre dispuesta a cambiar de forma… simplemente tienes que amasarla.

El espejo y la plastilina son simples metáforas que me sirven para explicar que pase lo que pase, siempre podemos cambiar nuestra actitud. A veces confundimos realidad con interpretación. La realidad es lo que sucede, la interpretación depende del ángulo del espejo. Y como siempre puedes moverlo: aprovecha y muévelo en la dirección que mejor te convenga. ¿Para qué utilizar una inclinación que me perjudica, que me mantiene quejicosa, que me deja impotente? Mejor utilizar la inclinación que más me favorezca, que me permita crecer, reír y construir. Así lo veo yo.¿Cómo lo ves tú?

Feliz encuentro de la mejor inclinación.

Sonia Gutiérrez